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¿Smartcity y sostenibilidad? ¿De qué estamos hablando?

Joan Badia 20/10/14

Lo recuerdo perfectamente. Cuando tenía ocho o nueve años en la clase de inglés me dijeron que «smart» quería decir «elegante» o «a la moda». Ah, querrá decir «pijo»! -pensé.

Muchos años después comenzaron a aparecer smartphones y smartcities, y fui viendo que este adjetivo no tenía nada que ver con el aspecto, sino que todo el mundo lo traducía como “teléfonos inteligentes” o “ciudades inteligentes”.

Al margen de si es correcto atribuir la calidad de inteligente a un objeto inanimado, no podemos negar que el término ha proliferado con éxito, y -lo más indignante- en el caso de la smartcity se asocia casi siempre con la sostenibilidad .

¿Por que se dice que una smartcity es más sostenible? Porque gracias a la tecnología todo es más eficiente, se consume menos energía y menos recursos, y por lo tanto beneficia al medio ambiente. O eso dicen.

Pongamos un ejemplo: cogen la calle de un barrio acomodado y la llenan de cables y dispositivos electrónicos, por ejemplo. Gracias a ello, cuando circulas por la calle principal ves un indicador que te muestra si queda sitio para aparcar en la primera calle de la derecha o si tienes que ir hastala segunda. Deesta manera, en lugar de ir dando vueltas hasta encontrar un hueco, vas directo hasta donde hay una plaza libre. ¿Qué se gana? Que como has estado circulando menos tiempo, has gastado menos combustible, y por tanto has contaminado menosla atmósfera. Unavance importante hacia la sostenibilidad.

Muy bien. Hasta aquí la versión oficial.

Ahora vamos a la justificación real: resulta que el promotor del sistema no es una organización ecologista sin ánimo de lucro, sino una gran empresa tecnológica. Y por lo tanto, su objetivo esencial no es la preservación del planeta, sino tener beneficios que le permitan seguir compitiendo en el mercado con el máximo de beneficios. Por este motivo esta iniciativa se plantea en un barrio rico y no en una favela.

¿Por que el Ayuntamiento le compra la idea? Porque es muy atractivo para el ciudadano de un cierto nivel socioeconómico, que dispone de poco tiempo (y normalmente poca paciencia), no tener que estar dando vueltas con el coche durante media hora para encontrar aparcamiento. ¿Para contaminar menos? No exactamente… Si quisiera contaminar menos no iría con este todoterreno de seis litros y ocho cilindros de casa al trabajo. Lo que le importa realmente a su propietario es ganar algo de tiempo, lo que -al precio que cobra la hora- es bastante importante.

Por tanto, el señor directivo está contento, orgulloso del sistema y de la ciudad donde vive, esto le da prestigio al Ayuntamiento, y el municipio atrae más residentes «de nivel». Es verdad, el sistema no es barato, pero estos vecinos pueden permitírselo. Todos contentos: los ciudadanos, el gobierno local, y también la empresa promotora dela iniciativa. Yademás, presumen de municipio sostenible. No está nada mal.

Ahora bien, desde que se inventó la palabreja de la «sostenibilidad» siempre se ha dicho que el concepto tiene tres patas: la ambiental, la económica yla social. Ytambién que la medida de la sostenibilidad se debe hacer de una manera global, teniendo en cuenta las externalidades.

Por tanto, no me atrevería a decir que este ejemplo se trate de una medida de sostenibilidad precisamente. La componente de equilibrio social no sale por ningún lado. Todo lo contrario, esta medida sólo es planteable en un barrio de estos donde el resto de necesidades están cubiertas. Pretender implantarla en un barrio modesto y aumentar los impuestos para poder pagar el sistema está claro que no funcionaría. Antes habría que solucionar muchas cosas.

¿Qué hacer pues para avanzar hacia una sostenibilidad real? Empezar por pequeñas cosas, y allí donde realmente se necesitan. Medidas que supongan una inversión mínima. Preferentemente sistemas pasivos antes de que los activos (lo que implica menos ingresos para la gran empresa tecnológica, es verdad). Actuar en los lugares donde cada centavo de ahorro es una gran ganancia social, porque realmente se necesita.

En esta línea está actuando GMG en Nicaragua. Sin inversión inicial, sólo con la aplicación de un sistema de buenas prácticas,la Universidad Nacional Agrariaha ahorrado unos 35.000 € en sólo diez semanas (un 15% de la factura energética). Con el paso siguiente, que comportará ya una mínima inversión, se prevé que este ahorro llegue hasta el 35%. Nada de grandes tecnologías smartcity, sólo pequeñas actuaciones para compensar energía reactiva, racionalizar el alumbrado o la climatización, etc.

Ahora resulta que ya lo había entendido bien la primera vez. Smart quería decir «pijo».

* SMART es en realidad un acrónimo de Specific, Measurable, Achievable, Relevant y Timely.

Joan Badia, arquitecto

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